En esos atardeceres de sangre,
estruendo y gritos de naturaleza,
ojos enjutos y el alma nadando,
huelen tus besos como huele el trigo
fresco recién cortado
aguijoneando en el sentimiento
ya con nuevas fuerzas.
Cántame que se me enturbien los ojos,
que me hablen sin palabras
para reverdecer esta pradera
y consolar al cielo.
Píntame con esa boca sonriente
un cielo enamorado
con grande fondo de carne morada
que grite en mi ventana.
En esos atardeceres calidos
toca mi cabellera
arropada con pliegues de los vientos
que
siempre se ve envuelta.
Cortinas de agua caen alegremente
del cielo, de tu boca,
de esos tus besos de suave armonía
con sabor de flores silvestres
Gracia
Espino
