Cuando se tiñen de olvido los recuerdos
el corazón preserva el paisaje
primero de los ojos:
los días azules, la luz alta,
la casa familiar donde naciera
en una mañana laboral y lectiva,
el desván de los sueños y la magia,
la tronera abierta al cielo,
la cuadra con vestigios de un tiempo de bonanza
y animales, las
aves de corral,
la leña donde dormía un rojo sol
y un ensueño de rescoldos,
los rosales, la parra, toda sombra y racimos
en la fachada de piedra,
las tapias de adobe enfilando ya los campos
donde se anuncia un mar
de imposibles bajeles bajo el cielo castellano,
huertos, majuelos, barbechos, cascajeras,
el cereal en las eras donde se aventaba el tiempo,
los álamos del Duero en el cauce curvado,
el pinar, los muertos del cementerio viejo
desgranando soledades en esta tarde larga,
la vía que alejaba los trenes lentamente
por devolverlos luego henchidos de ilusiones,
el monte con encinas y robles centenarios,
los páramos quebrando el horizonte,
apriscos donde el cielo sus rebaños de nubes
guardaba para nunca en ocasos de sangre…
A los aires de entonces el corazón
se aventaba sin saber que, cansado y roto,
habría de volver una tarde distinta
sin brasas ni favilas, buscando las palabras
que ardieron para darme el calor de la noche
cuando la niebla vence y entumece los huesos.
A los aires de entonces se mece la memoria
como un agua estancada que se seca despacio.
A los aires de entonces se mecen los recuerdos.
Jesús Pico Rebollo
de "Alta esquina del aire", inédito.
Una vez más, nos sumerges en tu memoria: el Duero, el cementerio viejo, los trenes que se alejan y los robles del cementerio. Todo eso, meciéndonos en tu paisaje, ahí, donde se balancean tus recuerdos.
ResponderEliminarMagnifico poema. Para no perder la costumbre.