domingo, 31 de mayo de 2020

Dos poemes de Marcel Riera



QUARANTENA


Sense fosses comunes ni el fum de les fogueres,

sense encens als salpassos, queda l’astorament

per l’absència de Déu en la vida diària.



La troca del cervell mesura les distàncies,

palpa l’aire més nítid, la fredor de la llum

i l’espant de la fosca, una altra transparència.



Allò que no té nom treu el cap per l’escletxa

que s’obre entre les hores, i un tel de pols molt fina

sura com un estor sobre totes les coses.



I en l’hora desolada dels mercats i les places,

de l’estàtica espera d’una bondat que curi,

voldríem que el demà esdevingués benigne.



Com un mirall fet miques, el neguit ens acara

amb nosaltres mateixos davant de tot allò

que havíem oblidat i el silenci que ens gronxa.



Posats a la balança el pes del que teníem

i el llast de la incertesa, ara només ens queda

l’esquerpa consciència de saber que això és viure.



Pres de Poetes sota pressió (maig, 2020)


La fi del Noucentisme

Encara crema amb flama imperceptible el foc
que cisellà les formes amb cura i delectança,
també amb contenció, que enllustrà les paraules
fins a fer-les brillar com mai des de l’edat
mitjana: verbs maragda, versos fins d’ametista
pinzellades al cor de paisatges nostrats.
Com els amors perduts que un dia, amb desesper,
es troben a faltar i ja no hi som a temps,
la glòria del passat perdura dèbilment
en hàbits adquirits, ranera de paraules.
Els hereus dels hereus ignoren el llegat,
ignoren fins i tot que són hereus escampats.
Un fil quasi invisible s’enlaira cap el cel
dels desitjos perduts. El caliu s’extingueix,
l’au fènix no reneix, el perdigó arrossega
les plomes carn endins. Supervivents, les obres
ens contemplen, perdudes claredat i mesura.
Ha arribat finalment la fi del noucentisme.

 L’edat del coure (2008)

Marcel Riera (Badalona, 1956)


sábado, 30 de mayo de 2020

Un bonaerense vallisoletano: Boris Rozas


Duermen los cipreses

Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota,
antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa.
(A.Machado)

Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche
con el alma sujetada a duras penas entre tu pelo
y mi almohada. Duermen los cipreses en tus manos de poesía
con acento extranjero, mientras quema la alborada recién abatida
entre tu cielo y mi espalda, viene la música por el aire
encajonada
a saber de mis goces pasajeros, el alma precintada
parte con otra mensajería, muy frágil, muy frágil resultó
al ser alumbrada entre los juncos de esta vida
sin ancla
que no entiende de nombres. No podría ser
de otra manera, llevo escrita la paz en mis ojos
y otro invierno que se pierde entre algunos brotes
de ternura.
Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche
con la mirada perdida en el horizonte de las cosas
y la fría escarcha aguzando en mis entrañas de poeta
con acento extranjero, el alma precintada
por el velo sagrado del amor mientras quema
la alborada
recelosa del sueño.    

Somos flores de otro mundo, errático caballero
sin más armadura y espada que el beso sempiterno,
no podría ser de otra manera, llevo escrita
la paz en mis ojos
y otro invierno que se pierde entre algunos brotes
de ternura.
Templo la sangre en mi ático vacío
despido al pájaro recién despertado
por el sol de la mañana, un errante caballero
sin más horizonte que el lecho
del río, entre tanto sobreviene la música por el aire
encajonada
que me lleva a otras iglesias más modestas,
pasajeros de la noche tu yugo
y mi espalda, cuencos del alma
tus manos plegadas por el mar
arrían mis velas en esta vida
sin ancla
que no entiende de otros renombres.
Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche
enhebra voluntades el tiempo en decadencia,
oteo el páramo desnudo lleno de paisajes
clandestinos, la meseta de tu cuerpo
no alcanza para estos versos. Soy de alma
continental y verso en altiplanicie, no podría ser
de otra manera,
tiembla el zócalo de mi ático
vacío
y otro invierno que se pierde entre algunos brotes
de ternura.

Duermen los cipreses envueltos en el perfil de tu nombre cada noche
con la mirada perdida en el horizonte de las cosas
el deshielo ha llegado a mis raíces
de poeta
con acento extranjero, comuneros
de la fe expandida son mis versos
ahora que la llama se les apaga
en estas horas de secano.
Somos flores de otro mundo, palomares en Tierra
de Campos
pastoreando por entre los recodos
que la memoria deja
reposar en su alma de estaño,
mientras las encinas siempre solitarias
se dibujan en el perfil de la noche más eterna
y la fría escarcha aguzando
en mis entrañas de poeta,
somos alma secreta de las cosas
alumbrados entre los juncos
de esta vida sin ancla
que nunca entendió
de nombres.



Boris Rozas (Buenos Aires, 1972)

De La senda de las espigas, 2016


viernes, 29 de mayo de 2020

AURI GARCÍA: Relato con fondo de agua

   

                           HISTORIA DEL FINAL DE UNA AMISTAD

 

  Todos los años íbamos Alex y yo a veranear a Menorca. Allí conocimos a una pareja que serían amigos incondicionales en el tiempo vacacional. Rosa y Agustín, eran aficionados al submarinismo. Alex, y yo éramos más de tierra firme: tenis, bolos, incluso billares. Tomar el sol como lagartos, o pasear por el lugar en que se encuentran las olas con la arena. Todo cambió un poco al nacer Carlitos, el hijo de nuestros íntimos amigos. Nosotros no teníamos hijos, ni los tendríamos. No al menos con Alex, pero eso sería un segundo tema.

  Con frecuencia, sabiendo de la afición de mis amigos por la inmersión, me prestaba a quedarme con el niño. Ni que decir tiene que entre Rosa y yo creció un sentimiento de amistad que a través de los años rayaba lo familiar: Paseos, confidencias, y pequeños secretos que ocultábamos a nuestras parejas.

  Nuestros amigos, con una lancha, se desplazaban a las zonas ya establecidas para la inmersión. Yo me quedaba a cargo del niño que era bastante tranquilo. A pesar de ello, el mundo subacuático que le describían sus padres: paisajes de brillantes tonos, peces raros y de colores, corales extraños y plantas exóticas…, aumentaban la fantasía del niño ya influida por los cuentos. Al volver sus padres siempre les preguntaba:

—¿Hoy tampoco habéis encontrado sirenas?

 —Las sirenas no existen —le aclaraba su padre—. Son inventadas.

 —¡Ahora sé por qué no las veis! —soltó el niño todo indignado—. No las buscáis por que no creéis en ellas. Cuando sea mayor las encontraré —decía obstinado.

   ¡Cosas de niños pensábamos! Nadie presentía el drama que se avecinaba.

   Para mayor inri le habían regalado gafas y aletas de hombre rana. Con este equipo precario, en un momento de descuido mío, Carlitos se aventuró adentrándose en el agua. Sin duda influido en su deseo de encontrar sirenas. Tardé un poco en darme cuenta. Ante la desesperación y los gritos de socorro míos, varias gentes se tiraron al agua. Yo no reaccioné como se esperaba. Me quedé clavada, angustiada, paralizada. Tardaron en encontrarle sumergido bajo el agua. Los ojos perdidos, la boca sacando espuma. El niño no respondió a la respiración asistida. Carlitos murió ante mis ojos. Me quede traumatizada.

   No es necesario entrar en detalles de lo que supuso para mí dar la cara ante mis amigos y el mal trago que para ellos representó quedarse sin su hijo. Yo me deshacía en disculpas, y ellos no estoy segura de que me escucharan.

 Después del sepelio en el que me sentí una intrusa culpada y acomplejada, volvimos a nuestra ciudad. Algún tiempo después me enteré por los amigos comunes que se habían divorciado. Les pasa a muchas parejas, la pérdida de un hijo cala.

 Nosotros volvimos a nuestra casa de Madrid. Alex, mi marido, comenzó a viajar con frecuencia a las islas. De pronto toda su cartera de trabajo dependía de Menorca. Yo sospechaba que tenía algo con Rosa. A pesar del trato frio y distante que me dispensaba, decidí llamar a mí amiga. Fui directa.

—¿Mi marido y tú estáis liados? —le pregunté sin dar más vueltas. Ella tampoco las dio.

—Sí, ¿para qué te voy a engañar? Alex te va a pedir el divorcio.

 —¿Por qué Rosa?, ¿por qué me haces esto? Éramos amigas… amigas de verdad.

 —Ya ves Ana… ¿Conoces la ley del Talión «Ojo por ojo, y diente por diente»? Me quitaste lo que más quería, mi hijo, y te pago con lo mismo.

   Ya nada fue igual. Nos convertimos en extrañas.

  La isla perdió su color. Vendí la casa de Menorca. Ha pasado el tiempo y a pesar de ello, el subconsciente todavía me trae olor al agua de mar, sus olas me devuelven risas de niño y cantos de sirena. Yo también me sumergí con el niño en el mar Mediterráneo y, de esa fatalidad y sus consecuencias, nunca pude emerger. 

  Un buen día estando ya separada de Alex me tocaron en el hombro.  Al girarme, Agustín el ex de Rosa me miraba con una sonrisa amplía. Me mostré agradecida. Al menos él parecía haberme perdonado. Y seguimos juntos por la vida, que es la rueda, que nunca se sabe dónde empieza y dónde acaba.  

 

 Aurelia García

 

 

  Imagen tomada de pinterest

    


jueves, 28 de mayo de 2020

FRANCSCO LIRA: Aniversario de la barbarie


 ELEGÍA A JUAN CHINCOA
Este poema está escrito en memoria
de las víctimas habidas
en el  atentado que ETA realizó en Vic,
el 29 de Mayo del año 1991.
Por circunstancias personales tuve
ocasión de  vivir el funeral y entierro
de las nueve víctimas.
Juan Chincoa fue una de ellas,
juntamente con su mujer, Nuria Ribó.
La hija de ambos, Ana, resultó ilesa.
Las circunstancias aludidas me obligaron
a trasladar el féretro de Juan hasta el interior
de la Iglesia de Vic.
 El poema resalta las emociones
y sentimientos de aquella terrible experiencia.
(Estos hechos también los considero
Memoria Histórica, que nunca
deberíamos olvidar...como tantos otros
de nuestra Historía Común,
tan convulsa y cainita…)

 Me ha tocado llevar,
una parte de tu muerte
sobre mis hombros...
y otra parte de mi vida
me la guardo en lo más hondo.

Sin haberte conocido,
Juan Chincoa... ¡te conozco!
en las miradas del Pueblo
hay un espejo en sus ojos.

He visto a madres gritando
y a unos padres sin consuelo,
he visto jóvenes abrazados
en portales de silencio.
También he visto niños,
¡niños que no estaban muertos !
Las niñas no las he visto...
las niñas estaban jugando.
¡Su delito fue jugar
en aquel maldito patio!
Allí mismo las mataron
con la ilusión entre sus manos,
y de un solo golpe mortal
¡sus vidas derrumbaron !

Yo mismo me derrumbé
ante tal gigante duelo,
y en el vacío del alma...
unas heridas de hielo,
helando mi corazón,
derritiéndose hacia el cielo.

Por el camino del silencio,
llevando tu féretro a hombros,
te entrego mi parte de vida
y en tu parte de muerte me alojo...
para sentirme herido de muerte
y abrazarme en tus ahogos,
por tanta barbarie sangrienta
arrasando nuestros ojos.

Juan, sin haberte conocido,
ahora más te conozco.
Abrázate a Núria
en esa casa de escombros.
Abrázate muy fuerte
aunque sea entre sollozos,
que hay una  niña pequeña
venciendo a tanto odio :
ANA CHINCOA RIBÓ,
tu hija, Juan...
¡que agarrada a su chupete
de aquel infierno salió!

Francisco Lira


Imagen tomada  de Internet (Atentado de Vic, 29-05-1991)


miércoles, 27 de mayo de 2020

FELIPE SÉRVULO: Venciendo al olvido

NO HAY VOCALES

Al despertar esta mañana,
perdí las vocales de tu nombre.

Intenté pronunciarte
con otros objetos
personales e íntimos,
pero los labios se deprimían
en clamorosa derrota.

Más tarde lo intenté
con tus autores favoritos:
Federico, Antonio, Claudio...

Y realicé preces en latín,
sin nada que perder,
al fin y al cabo.

Qué hacer, sino dar tiempo
a que la tarde vuelva
y reconocerte en ella.

(La niña de la colina, 2012) 



HAY UN VIRUS

Hay un virus
que se ha instalado
entre el yunque y el estribo
y me mortifica
con la letanía de tu nombre.

Caigo en la cuenta:
ese es el IVA
que debo pagar por amarte.

Sencillamente una persona
es una brizna,
tal vez nada,
si acopia soledades,
confunde ilusiones
y no cancela la hipoteca
de su propio olvido.

(Turno de noche)

Felipe Sérvulo (Jaén, 1947)



martes, 26 de mayo de 2020

MARÍA NARANJO: Una estrella a ras de tierra


BUSCANDO UNA ESTRELLA

 

Si algún día te preguntan

por una anciana encorvada

cubierta toda de canas

buscando siempre en la nada.

 

Diles que soy una nube

que persiguiendo una estrella

recorrió ya mil caminos

buscando siempre tu huella.

 

Diles que soy como el agua

que al brotar ya de la fuente

persigue siempre el caudal;

antes acaricia el río

y luego busca la mar.

 

Diles que soy aquel brote

que espera la primavera

para envuelta en mil aromas

ascender hasta tu vera.

 

Diles que tengo un deseo

que vivo y muero por él,

que a tu lado quiero estar

para fundirme en tu esencia

por toda la eternidad.

 

Diles que mi sonrisa

inventada cada día

es la tuya que me inspira

tornándose melodía.

 

No dejes que la memoria

jamás marchite la huella

ni difumine el perfil

del amor con más grandeza

que nunca pudo existir.

 

Diles que soy una estrella

que necesita tu luz

y un puñadito de tierra

que, esperando tu semilla,

ama, ríe y sueña.

 

María

Imagen tomada de Internet (Walhere

 


lunes, 25 de mayo de 2020

LUIS ARRANZ: Los trabajos del hambre

                                      

LAS ZAGALAS CABRERAS

 

(A todas las mujeres que –siendo niñas, en la postguerra- abandonaban la escuela prematuramente para cuidar unas pocas cabras).



Era trabajo de hombres.

Y aquellas niñas cabreras

iban al campo, que el hambre

azotaba con fiereza.

Niñas que quieren jugar

pero… a trabajar las llevan.

¿Jugarían con las cabras

a saltar y tirar piedras?

¡Hay que traer leche a casa,

que la comida escasea!

                 

Al campo sale el ganado

y una zagala lo lleva

con el sombrero y la manta,

no muy lejos de la aldea.

Es la mayor, con diez años,

y ya sufre las cadenas

con las que, el duro trabajo,

ha firmado su sentencia.

                   

Saltando riscos, las cabras

van mordisqueando hierbas;

bajan por el peñascal,

rastrean por la pradera...

Se despachan a sus anchas

en plena naturaleza.

La zagala… vigilante.

Ellas… felices pastean.

Esclavitud… libertad…

¡Dos caras de una moneda!

                

A la hora de comer,

saca, del zurrón, la pieza.

Hoy toca pan con tocino,

ayer torta con manteca…

que quiten frío a la niña

y se mantenga con fuerzas.

La comida no ha calmado

la hambruna de la pequeña

que –aterida por el frío-

se abriga hasta con las trenzas.

                 

En casa, el padre trabaja

para que la prole crezca;

y no llegan, para todos,

los pocos reales que lleva.

Mucho esfuerzo, poca paga…

¡y falta carne en la mesa!

Por la noche, sopas de ajo,

después, leche con galletas

(o, quizás, queso con pan…)

y, con eso, está la cena.

“A ver si mañana, puedo

veros con la tripa llena”.

               

¡Qué dolor de aquellos padres!

¡Resignación! ¡Impotencia!

No poder dar a sus hijos

comida, calor ni escuela.

¡Infausta España del hambre,

de mendigos, de miseria…

¡Dictadura en blanco y negro…!

¿Quién te vio y no te recuerda?

 

           Luis Arranz Boal


Imagen tomada de Internet (Ayto. de Cercedilla)



domingo, 24 de mayo de 2020

GRACIA ESPINO: Amor de mar y aire.

                                 

  AIRE NÍTIDO


 Las noches de luna llena

iluminan tierra y agua

mientras el verano siembra

amor sincero con llama.

 

Aire nítido venía

de la orilla de la playa

mientras el hombre dormía

en los brazos de su amada.

 

Él, amante, sin hablar

más ella lo contemplaba,

no quería ni respirar

para que él no despertara.

 

Se palpaba tanta paz…

Con la música que sentía

de aquel bostezar del mar

que ella también se dormía.

 

Cuando declinaba el sol

y la noche se acercaba

decidieron ir a pasear

por la orilla de la playa.

 

 La luna cubría el mar

y gozosa se bañaba,

los invitaba a soñar

y un lucero la envidiaba.

 

No sabían si acostarse

porque la luna bailaba

o unirse a las estrellas

en aquella noche mágica.

 

Cuando abría la mañana

su mejilla tempranera

rosa de escarcha lucía

cubierta en carmín y perla.

 

Él, despierto desde el alba,

¡no podía descansar!

Y una canción a su amada

no se atrevió a cantar.

         Y ella…

Sus pupilas centelleaban,

su boca, granada abierta,

la frente la coronaba

el mar con hermosa trenza.

 

¿Qué tendrían que decir

esas sandungas del agua?

¡Qué rojizas se ponían!

Y escondidas los miraba.

 

Ya tenían barco y redes,

¡en un cuerpo se fundieron!,

les azotaba el temor

de que todo fuera un sueño.

 

Las noches de luna llena

engrandecen el candor,

el agua templaba en llamas

a ese caluroso amor.

 

Gracia Espino


 Imagen tomada de Internet (http://www.vozactual.com/)

 

 

           

 

 

 


sábado, 23 de mayo de 2020

Los tonos poéticos de Enrique Gracia Trinidad

        NO 
                        No hay bandera que valga un sólo muerto. 
                        No hay fe que se sujete con el crimen. 
                        No hay dios que se merezca un sacrificio. 
                        No hay patria que se gane con mentiras. 
                        No hay futuro que viva sobre el miedo. 
                        No hay tradición que ampare la ignominia. 
                        No hay honor que se lave con la sangre. 
                        No hay razón que requiera la miseria. 
                        No hay paz que se alimente de venganza. 
                        No hay progreso que exija la injusticia. 
                        No hay voz que justifique una mordaza. 
                        No hay justicia que llegue de una herida. 
                        No hay libertad que nazca en la vergüenza.



De  Pentimento, 2009
(En antología “Contra el olvido” por los atentados terroristas de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia)



Peregrino a la fuerza      

Iba haciendo el Camino de Santiago
con una concha al cuello.
Sus ojos eran de hayas en otoño,
su sonrisa de libro y lo demás,
como para volver loco al apóstol
cuando llegase a Compostela.
Así que la llevé en mi coche
(adoro el autostop algunas veces)
—Yo —mentí— también voy de peregrino.
—Prefiero andar —me dijo—  pero gracias,
llévame a Ponferrada
y ya seguiré a pie lo que me falte.
“Ponferrada —pensé— y Finisterre, si te dejas”
Puso el bastón y su macuto
en la parte de atrás y se sentó a mi lado.
Casi no hablaba, pero qué silencios.
Su perfume a lavanda me hizo olvidar
que yo no iba a Galicia
y otros asuntos eran mi destino.
Junto al castillo de templarios
paramos a reponer fuerzas.
Cuando estaba pagando la empanada y el vino,
oí el motor del coche.

Me dejó su cayado, la venera, 
y un palmo de narices con recuerdo a colonia.
Caminé todo el resto del verano
como un imbécil, con la boca seca,
pero he ganado el jubileo.

De Juego de damas, accésit del Premio Pilar Fernández Labrador, 2015

 

Enrique Gracia Trinidad (Madrid, 1950)




viernes, 22 de mayo de 2020

Rodolfo Serrano, el todo bajo un sombrero


Nada soy 

No soy nadie, ya veis, no tengo apenas
algo más que unos versos, cuatro historias
que no puedo contar sin sonrojarme
y unos cuantos amigos que me aguantan. 

Esta absurda manía de moverme
sin mesura ninguna por lugares
poco recomendables, mi costumbre
de pegar hilo y hebra con cualquiera. 

Y qué decir de mis vicios menores,
como el de enamorarme a todas horas,
o este afán que tengo de meterme
en toda causa perdida e imposible. 

Vos sabés que no tengo remedio:
Este amor a ciudades que están lejos,
este acomodarme a lo que venga,
o esta pasión por la lluvia y por la niebla. 

La nostalgia del tiempo que no ha sido,
mi gusto por las calles solitarias,
los sueños que me llevan a tus besos.
La fiebre por los tangos de El Polaco. 

Este andar sin quitarme mi sombrero
ante nadie que me cierre los caminos.
Ser feliz, sin afectarme las envidias
del imbécil que me cruzo por la vida. 

Es todo lo que tengo. Cuatro cosas.
Y confieso que me siento muy a gusto.
Porque, sin tener nada, cada noche,
me las llevo a dormir entre tus brazos. 


Rodolfo Serrano (Madrid, 1947) 





Un poema inédito de Ana de la Arena

  Amo al Santo aristócrata de las barrancas y me río de la sudestada amenaza que empieza temblorosa, con la melena de fondo.   E...