martes, 13 de enero de 2026

PENSANDO, poema de Gracia Espino





 PENSANDO

Nunca me paré a pensar
en lo que ahora ya pienso:
que se ha pasado el otoño
y me ha llegado el invierno.

Mi pirámide al derribo,
con grietas por todas partes,
solo le queda una roca,
la más fuerte, la más grande;
con solo un soplo de viento
se me desliza a otra parte.

Los sentimientos se desgranan,
ya la estima está hecha añicos
entre los silencios gruesos,
revueltos en precipicios.

Esa es la angustia más honda:
el no dormir y pensar
¡en cómo será el mañana!
¿Cuánto podré soportar?

Yo quisiera tener sombras
para cobijar, dar fresco
y nunca para ellas ser
acelga seca, ¡un despojo!
a las plantas de mi entorno

Paciencia, resignación,
eso de lo que carezco,
¿y qué puedo hacer yo?
Si ya mis fuerzas ¡se han roto!

Son mis pies, o son las manos…
¡no!, es todo mi cuerpo entero,
débil como telaraña,
¡y no quiero ser estorbo!

 

                                               Gracia Espino

                                                 

   

viernes, 9 de enero de 2026

LA CAL, Esperanza Párraga


     LA CAL


Mi infancia fue un rectángulo

de cal fresca, de viva cal

con mi alegre solitaria sombra

(de Blanco, Rafael Alberti)

 

Hoy no encalé los árboles, padre mío,

las hormigas movían largos senderos verdes

y los musgos dolían con voz de vegetal,

ya sé que hoy hace sol y se seca la grama;

pero no pude hacerlo y me vestí de blanco.

 

El cerezo se muere tras el ojo certero

que se coló desnudo en el portón abierto,

el zócalo es, ahora, cal bien seca y firme,

yo me lavo las manos vestida de payaso

y me cubro los ojos para no deslumbrarme.

 

La luz en blanco y negro de la fotografía

embelleció de pronto los troncos de los árboles,

apenas ya recuerdo la mañana temprana

en que nació la nieve por los azules troncos.

 

Son surcos como escamas de tierra hecha jirones

que llevan la semilla de piececitos planos

que mataron al gato con cariño de niña,

son caminos de piedra en el árbol dormido

que el presente dibuja y me viaja por dentro…

 

La latita de la cal colgaba de mi brazo

para ubicar la altura del horizonte curvo,

qué fácil y qué blanco se dibujaba el mundo

desde el olor silente de aquel ocre misterio

que cambiaba el paisaje con la pequeña brocha.

 

Pasó con el olvido, como con esa piedra

que el agua tornó en agua, agua para encalar:

me fluye la memoria tan blanca, tan segura,

que palpo aquel blancor y me quemo las manos.


Poema galardonado con el premio Día Internacional de la Poesía, Segovia, 2013

Recogido en el libro del Certamen y en Ojos (2015)


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PARA BRINDAR AL AIRE   Brindo por los nombres de las cosas que las dotan de alma y de sustancia, las idean, las crean y conforman con manos ...