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jueves, 7 de marzo de 2024

EN SEPIA de Pedro Gómez. Revista poètica 1.9

 




No todo lo que pienso es mío
y, lo que es mío, muchas veces es inexacto.
No todo lo que veo, nace de la tierra;
ni del consuelo de los vivos.

Podar las ramas secas;
recortar el cabello donde no crece;
limpiar la altura de la noche;
aspirar el polvo de las muñecas escondidas
que, nos recuerdan las lágrimas
de las casas enjauladas.

Regalar las ropas de nuestros muertos;
dejar como amuleto, un pañuelo de seda,
envolviendo un puñado de semillas.

Sacar, del antiguo baúl, el álbum de fotos
que, de tanta oscuridad, se convirtió en sepia.
Besar las cabezas; acariciar las manos
con miel de almendra; sonreír los gestos
y secar con laurel las mejillas mojadas.

Observar, sin necesidad de entender,
los rostros inamovibles de nuestros ancestros.
Traspasar el río y dejar una flor a sus pies.
Soñar muy alto para ellos;
creer que una caricia los contuvo
y los lanzó como globos multicolores
a la próxima estación de su destino.

Inmolar las palabras que no desciframos
con ideas que solo abultan;
preparar una infusión de rosas y anís;,
abrir bien los ojos mientras el rayo que cae
dispersa su brillo regando
cada centímetro de nuestras calles.

Juntar hojas de parra; pétalos vivos;
mirar el cielo y, solo entonces,
bendecir el poema.

No todo lo que pienso es múltiple
o extraordinariamente lúcido.
No todo lo que escucho tiene una lectura.

 

Pedro Gómez

lunes, 14 de diciembre de 2020

RECITAL VIRTUAL DE NOVIEMBRE. Alfonsina Storni .3




Tú, que nunca serás

Sábado fue, y capricho el beso dado,
capricho de varón, audaz y fino,
mas fue dulce el capricho masculino
a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo, si inclinado
sobre mis manos te sentí divino,
y me embriagué. Comprendo que este vino
no es para mí, mas juega y rueda el dado.

Yo soy esa mujer que vive alerta,
tú el tremendo varón que se despierta
en un torrente que se ensancha en río,

y más se encrespa mientras corre y poda.
Ah, me resisto, más me tiene toda,
tú, que nunca serás del todo mío.

Rapsoda: Magdalena Morales

 

Animal cansado

Quiero un amor feroz de garra y diente
que me asalte a traición en pleno día,
y que sofoque esta soberbia mía,
este orgullo de ser todo pudiente.

Quiero un amor feroz de garra y diente
que en carne viva inicie mi sangría,
a ver si acaba esta melancolía
que me corrompe el alma lentamente.

Quiero un amor que sea una tormenta,
que todo rompe y lo remueve todo
porque vigor profundo la alimenta.

Que pueda reanimarse allí mi lodo,
mi pobre lodo de animal cansado,
por viejas sendas, de rodar, hastiado.

Rapsoda: Victoria Marcet

 

Esta tarde

Ahora quiero amar algo lejano…
algún hombre divino
que sea como un ave por lo dulce,
que haya habido mujeres infinitas
y sepa de otras tierras, y florezca
la palabra en sus labios, perfumada:
suerte de selva virgen bajo el viento…

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
blanda y tranquila como espeso musgo,
tiembla mi boca y mis dedos finos,
se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor… Toda la tierra
está cantando dulcemente… Lejos,
los bosques se han cargado de corolas,
desbordan los arroyos de sus cauces
y las aguas se filtran en la tierra
así como mis ojos en los ojos
que estoy soñando embelesada…

Pero…
ya está bajando el sol tras de los montes,
las aves se acurrucan en sus nidos,
la tarde ha de morir y él está lejos…
lejos como este sol que para nunca
se marcha y me abandona, con las manos
hundidas en las trenzas, con la boca
húmeda y temblorosa, con el alma
sutilizada, ardida en la esperanza
de este amor infinito que me vuelve
dulce y hermosa…

Rapsoda: Carmina Ferreres

 

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Rapsoda: Pedro Gómez

 

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena.
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

 Rapsoda: Luis Arranz

 

 


 

miércoles, 20 de mayo de 2020

PEDRO GÓMEZ: Fundido en lluvia


La lluvia


Vendrá la lluvia, quizás, tan antigua

como agua nueva

regresando a mis cristales

                          una mañana de primavera,

estableciendo la frontera exacta

entre el agua que resbala como perlas líquidas,

y yo en mi hábito de observar la belleza

sin querer comprender cómo llega.

 

Voy de la belleza a la cordura,

de la cordura salto a la locura

y otra vez vuelvo a la belleza incomprendida

con todos mis dioses rotos entrando en el cuerpo.

 

Quiero ser lluvia, un volumen incierto

sintiendo la transparencia,

un golpe líquido inviolado, inacabado, una quimera

deslizándome en la mirada de mi ventana,

gota que deja de ser gota fundida en el cristal;

aclamación de una huella fugaz,

agua. Desnudarme de repente

y sin explicaciones fundirme

gota o lagrima, agua camino del mar.

 

Pedro Gómez

(Caldes de Montbui 10 de mayo de 2020)



Imagen tomada de Internet (https://www.pinterest.es/)

sábado, 16 de mayo de 2020

JULIO ANGUITA: Predicar con el ejemplo y la palabra (LUIS ARRANZ, PEDRO GÓMEZ)



Julio Anguita pertenece a la estirpe de los "viejos profesores", es uno de esos hombres que viven en el ejemplo y las palabras que dejaron

 y que, "aunque se van, no están ausentes,

que son tierra y canción, lo que nombraron

son, son la voz y luz que nos legaron,

el agua transparente de las fuentes,

Y quedan las palabras de su boca

escritas para siempre en la memoria

de los hombres, del tiempo y de la historia,

del céfiro, del río y de la roca.

 Y queda lo que fueron: sólo hombres,

hombres sin más, sin más para la fama

que saberse el papel, la fina trama

representada al fin en los pronombres.”


Poesia a Trenc d'Alba, tras  la noticia de su fallecimiento en el día de ayer, quiere tributarle un mínimo homenaje con dos poemas: una oda que Luis Arranz le dedicó hace unos años y los versos que Pedro Gómez le escribió ayer mismo.


 ODA A JULIO ANGUITA


 Si hay un hombre, en España, paradigma de la lucha por un ideal... éste es Julio Anguita.


Mente insigne, limpia y sabia.

Fiel, honrado y luchador.

Enfrentándote a la rabia,

la prepotencia, el rencor...

 

El “Califa cordobés”

-en broma- te proclamaron.

Y tú aceptaste –cortés-

esa honra que te otorgaron.

 

La alcaldía propulsó

tu valía y tu persona.

El partido te eligió.

¡Y hablaste con la corona!

 

Tus alegatos son flechas

laicas y republicanas.

Zahieren a las derechas

retrógradas, provincianas...

 

Eres revolucionario,

aguerrido, liberal...

Tu verbo, siempre incendiario,

potente, filosofal...

 

Del común, la referencia.

La izquierda en estado puro.

Democrática videncia

de un proyecto de futuro.

 

Vilezas y falsedades

denuncias con tu palabra,

destapando las maldades

de quien el embuste labra.

 

Crucificas al farsante.

Ensalzas al generoso.

Desnudas al gobernante

corrupto y facineroso.

 

 Fraudulenta Democracia

te contempla esperanzada.

En ti –quien cayó en desgracia-

ve su aspiración saldada.

 

Tu razón –en permanente

y esencial deontología-

interpreta -dignamente-

la “Praxis”. El día a día.

 

Te respeta el empresario,

la Iglesia, el intelectual...

Eres un digno adversario

en debate coloquial.

 

Inflamas a un auditorio

que es carne de esclavitud.

Tu punzante repertorio

alumbra a la multitud.

 

De las masas, estandarte.

Tu aureola, gentil lujo.

De la justicia, baluarte.

¡Que no se acabe tu embrujo!

 

¡Larga vida a Julio Anguita!

(gritamos la concurrencia).

El pueblo te solicita

y requiere tu presencia

-que hoy, tanto se necesita-.

 

 Luis Arranz

 

        (Verano de 2.014) 

Publicado en Los versos que el pueblo siente (2016)


                                                                                              


Adiós “compañero del alma, compañero, tenemos que hablar de muchas cosas” Quizás, así, Miguel Hernández, diría adiós al Califa de Córdoba, Julio Anguita. Un hombre íntegro, consecuente. Una referencia pragmática desde mi forma de entender la política con honestidad.

Adiós profesor, adiós maestro, me quedo alumno de tu clase.


El Califa Rojo

 

Que viejo es el cielo
con su arma azul,
celestes prados donde van los ojos
desplegando alas,
palabras,
manos;
nos despedimos de este suelo
en un respiro acabado.
.
Con que tristeza se me va el alma,
Julio Anguita, si supieras...
cuanto siento tu muerte
y sin embargo algo nace en mí
que denota rebeldía.
Qué silencio, tú, que eres mi utopía.
.
Qué débil soy, amigo
con que pocas fuerzas me enfrento
para aprender que la vida
es un paisaje, que primero es luz,
libertad… mar y caracola
y los días son soplos que no respiramos.
.
Temblando estoy
que los hombres parezcan piedras.
Qué pequeña es mi voz
hoy que la quiero alta
y delgada para decirte adiós.

Pedro Gómez

 

miércoles, 1 de abril de 2020

Poema del dia. PEDRO GÓMEZ: Búsqueda amorosa más allá del sueño y del invierno.

                               
         La búsqueda   

Percibo quedarme vacío;   
al borde de mis párpados 
asoma 
una última lágrima
                                y tú 
                                     reflejándote en ella.

Un susurro acelera el miedo
donde besé la tierra 
                                de nuestros cuerpos
venerando el dibujo de tu rostro, escrito 
dentro de mis ojos con sus huellas. 

Y vuelvo para encontrarte
en el adiós perdido hace ya tanto tiempo.

Buscaré la esfera de tu reloj plateado
con sus manecillas paradas 
en el espíritu congelado de nuestros nombres.

Pintaré mi memoria con el último color de este invierno
hundiendo mi rostro —si vuelves—,
en el palpito de tu pecho, jardín de luz,

sin contener los impulsos
igual que los versos llaman a las palabras.

Te devolveré a mi cuarto
                                   para que me hables,
                                   y luego duermas
abierta como alas de mariposa 
en un jardín constelado de azul y rojo púrpura. 

Quiero despertarme cerca de ti 
para que me cuentes como continua este sueño.
                        
                             Pedro Gómez    

                                                                     
                         









martes, 3 de diciembre de 2019

PEDRO GÓMEZ: el lugar de la memoria


 



La memoria de un hombre está en sus besos, 
escribió Vicente Aleixandre. Pedro Gómez,
acaso sin conocer el verso del nobel,
nos lleva al lugar de la memoria:
el huerto, el lilo, la higuera y los besos.



La memoria de los besos


Nací con los labios hacia el beso
en las tibias sábanas
de un otoño perverso
ciudadano de tu placenta hermosa.
Me acogiste desde tu vientre
en la curva de los abrazos
y mis dedos en tus manos
volviendo a la vida sobre tu pecho,
engarzándome en ti con los ojos.

Crecí como una ciudad del altiplano
en este cuerpo amigo de las raíces,
con un patio,
                        un huerto,
un lilo blanco y un mástil atado al viento,
—niño feliz— volando inocente,
percibiendo el olor deshojado
de las higueras en otoño;
                         sentía pena de crecer,
                         y crecí

dejando que la vida me fuese pintando.

Qué memoria tendrán los besos.

Me despedí de ti
con una herida silenciosa
asomando en tus ojos
                          maternos,
                          pardos,
llenos, perdiendo lentamente la luz.

Caminé el tiempo reponiendo peldaños
para volver, como vuelve el agua,
que alucinado sueño, al mar
anidando su alma de lluvia.

Y volví como vuelven los sigilos 
a una tierra que grita vendavales convulsos.
El huerto ya no tiene lilo,
el patio en su soledad solo es pared,
la higuera quedó deshojada en primavera,
y tú estás dentro de mis arterias.

Escuchar mi voz
es un silencio que quiere ser liberado,
en la calma del paisaje,
volviendo al origen de los aromas
escondidos en la memoria.

Hay canciones invisibles
           sonando como premios.



                   Pedro Gómez

Dos poemas de LOS TULIPANES SON DEMASIADO ROJOS, de Teresa Gómez

EQUILIBRISTA   Porque una palabra es el sabor que nuestra lengua tiene de lo eterno, por eso hablo. ROSARIO CASTELLANOS   Si n...