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domingo, 19 de abril de 2026

Dos poemas de LOS TULIPANES SON DEMASIADO ROJOS, de Teresa Gómez


EQUILIBRISTA

 

Porque una palabra es el sabor

que nuestra lengua tiene de lo eterno,

por eso hablo.

ROSARIO CASTELLANOS

 

Si no te hubiera nombrado
aún estarías oculta, luna,
tras las nubes opacas
que a nadie hubieran permitido
conocer tu luz.

Si jamás hubiera escrito tu nombre, mar,
no serías más que una masa inútil de agua
derramada en el horizonte.

Y tú, soledad, amor, pasión, despecho,
qué serías si yo no hubiera elegido,
con rigor,
una palabra precisa para encontrarte.

Dónde estaríais ahora todas esas emociones
que gustáis de habitar
en las tediosas horas de las noches oscuras.

Anhelada esperanza, qué habría sido de ti.

 


LOS TULIPANES SON DEMASIADO ROJOS

 

The tulips are too red in the first place, they hurt me.

SYLVIA PLATH


Los grillos macho excavan su madriguera
en mi cráneo y afinan su chirrido.
No puedo cortar esas flores que crecen a la orilla del mar.


El océano que tiende su espalda bajo mi ventana ahora es de color naranja
Y el universo es de color naranja
Y la tierra de mis macetas se inflama y es de color naranja.

Lanzan granadas.
No, misiles.
Cientos de niños están heridos.
No, muertos.
No, asesinados.
Las palabras en la cuerda floja ejecutan acrobacias
capaces de provocarte vértigo,
de provocarte náuseas.

Vociferan en todos los idiomas la noticia
“el aire nos hará enfermar”.
No respiro.
Me aturde la cháchara de los cuervos que cuchichean entre los matorrales.
Construyo mi madriguera llorando a lágrima viva.
Hiberno.

No puedo cortar esas flores que crecen a la orilla del mar. 
Creo que son de plástico.
No, de plasma. 
Los girasoles tienen un color desajustado 
y los tulipanes son demasiado rojos.

  

viernes, 20 de febrero de 2026

Dos poemas de Alta esquina del aire de Jesús Pico



PARA BRINDAR AL AIRE

 

Brindo por los nombres de las cosas

que las dotan de alma y de sustancia,

las idean, las crean y conforman

con manos de demiurgo o de alfarero

y lengua de poeta.

 

Brindo por la esperanza que asoma

con un rayo de luz en la mirada

entre nubes y ramas que se cruzan

y se mece, alta, desenfangada,

en la esquina del aire.

 

Brindo por los hombres y mujeres

que son igual a mí, aunque distintos,

que ríen y que viven la mañana,

que lloran con las nubes y se acuestan

en jergones de sueños.

 

Brindo por vivir junto a vosotros

a la orilla de un río de palabras,

mientras dibuja el aire

alas y aleros en las duras

esquinas que conforman el cielo.





ALTA ESQUINA DEL AIRE

 

Alta la campana, el humo alto, la palabra.

Abierta al cielo, la tronera sobre la casa.

 

Por donde viene el río, la montaña alta.

Alto el ciprés que el camino marca.

 

De tan profunda, la noche alta,

alto el deseo bajo la sábana.

 

Alta es la vida, el vuelo alto

y la esquina del aire que no alcanzo.

 

En la llanura el hombre desolado

y la muerte a ras de tierra, ¡tan a mano!

Alta esquina del aire (Parnass Edicions), nuevo libro de nuestro compañero Jesús Pico Rebollo, estará en las librerías el próximo mes de marzo.


lunes, 22 de julio de 2024

LAS PALABRAS QUE MUEREN CON NOSOTROS, de Jesús Pico. Revista poética 2.19

 



A mi madre, con su ausencia meciéndose al viento de Las Cercas donde esparcí sus cenizas y mis recuerdos.

 

Las palabras que mueren con nosotros,

los recuerdos que nadie ya atesora,

los lugares que cambian o perecen,

los nombres de las aves sin las aves,

las cosas en desuso y sin museos,

la esencia, los aromas, y aire alto

sin tarros ni arboledas que lo acojan.

El agua descendiendo de las fuentes

cantarinas y claras como un cielo

transparente posándose en los labios

en liquida oración que se evapora.

La jacilla que dejan en el alma

palabras asentadas en la tierra,

volanderos vocablos que se agostan

al rescoldo invernal de los braseros.

El peso de la paja bajo el trillo,

la carama en el rostro de la aurora,

el cotarro desnudo, el arenal

como un río nocturno entre los pinos,

los rastrojos baldíos, los barbechos,

sin perdices al salto ni simientes,

las azuelas que escardan los recuerdos,

el cielo aborrascado de la ausencia,

el azul de tus ojos tan lejano

buscando en otro cielo tu sustento,

el cayado quebrado de tu esposo,

tus ancestros de nuevo congregados

en el tiempo sin fin de la memoria.

Territorios de ausencia donde esperas,

junto al niño que fui, a que regrese

con las palabras tuyas en la boca,

las aladas palabras campesinas

posando en las aradas sus olvidos.

 

Espérame en Las Cercas que ya llego.

En la tarde vencida alguien contempla

incendiados sardones bajo un cielo,

todo llama de luz, hecho horizonte.

 

Jesús Andrés Pico

de “Virina”, libro inédito.

lunes, 6 de mayo de 2024

A LOS AIRES DE ENTONCES de Jesús Pico Rebollo. Revista poètica 1.28

     


Cuando se tiñen de olvido los recuerdos

el corazón preserva el paisaje

primero de los ojos:

los días azules, la luz alta,

la casa familiar donde naciera

en una mañana laboral y lectiva,

el desván de los sueños y la magia,

la tronera abierta al cielo,

la cuadra con vestigios de un tiempo de bonanza

 y animales, las aves de corral,

la leña donde dormía un rojo sol

y un ensueño de rescoldos,

los rosales, la parra, toda sombra y racimos

en la fachada de piedra,            

las tapias de adobe enfilando ya los campos

donde se anuncia un mar

de imposibles bajeles bajo el cielo castellano,

huertos, majuelos, barbechos, cascajeras,

el cereal en las eras donde se aventaba el tiempo,

los álamos del Duero en el cauce curvado,

el pinar, los muertos del cementerio viejo

desgranando soledades en esta tarde larga,

la vía que alejaba los trenes lentamente

por devolverlos luego henchidos de ilusiones,

el monte con encinas y robles centenarios,

los páramos quebrando el horizonte,

apriscos donde el cielo sus rebaños de nubes

guardaba para nunca en ocasos de sangre…

A los aires de entonces el corazón

se aventaba sin saber que, cansado y roto,

habría de volver una tarde distinta

sin brasas ni favilas, buscando las palabras

que ardieron para darme el calor de la noche

cuando la niebla vence y entumece los huesos.

A los aires de entonces se mece la memoria

como un agua estancada que se seca despacio.

A los aires de entonces se mecen los recuerdos.

 

Jesús Pico Rebollo

de "Alta esquina del aire", inédito.

sábado, 16 de diciembre de 2023

SAVIA EN LA GUADAÑA, Jesús Pico



Hay árboles jóvenes que se talan sin motivo 

y su sangre verde riega el suelo ceniciento.

Hay padres que entierran a sus hijos.

Hay sangre en la guadaña del ayer y del ahora,

savia sin futuro.


¿Recuerdas aquellos cachorros recién nacidos

que no quería nadie y desaparecían de la noche a la mañana,

y el llanto lastimero de la madre

los buscaba o quizás despedía en el hogar del frío?

¿Recuerdas a Aylan en una playa de Turquía?

¿A tantos niños sin infancia y sin futuro

poniendo rostro a la pavana de Labordeta,

en Gaza, en Ucrania y en las guerras sin nombre

que no interesan a este lado de los mapas?

 

Para que tu vida sea más larga,

¡qué breve la de otros!

                               

¿Sabes cuántos jóvenes mueren en las guerras?

¿Y en accidentes de carretera?

¿Has oído hablar del club de los veintisiete?

¿De las poetas suicidas?

 

Tú que gustas de la poesía,

¿has sentido la necesidad de quitarte la vida?

¿Te has parado a pensar cuántos poetas

han muerto antes de los cincuenta?

 

A veces siento mi existencia tan corta como la suya.

Estoy muerto y ahora sueño

la vida que no tuve.

lunes, 23 de octubre de 2023

POEMAS PARA BARCOS DE PAPEL, de Jesús Pico

 

I

 

Dejando atrás el alto donde anidan

la nieve y la pureza, lento llega,

a pecho descubierto, la voz clara,

en majestad tan llana que conmueve.

 

Y se agrupan, estáticos, los álamos

en hilera, al sosiego de la tarde,

y los juncos inclinan su figura,

veloz, la golondrina roza el agua.

 

Maduro llega el río en esta hora

que bajan las estrellas a bañarse.

Cansado va, siguiendo su derrota.

 

Yo me bajo conmigo hasta sus aguas

y sumerjo mis manos en su torso.

Detenido en la orilla ya me alejo.


 


XIII

 

Aquí estaba la casa, aquí los pasos

resonaron, las voces un momento

quedaron en un eco que aún le llegan

entre las ruinas tristes de su infancia.

 

Aquí estaban los ojos expectantes,

las manos que jugaban con el día,

los pies rotos calzados por el polvo,

el niño con un nombre igual al suyo.

 

Vestido de recuerdos llega un hombre

buscando realidades en la nada

de un tiempo ya perdido sin remedio.

 

Y dice ser el mismo, pero duda,

considera que el tiempo no se mueve

y cree, paradoja, ser él tiempo.




XLIV

 

En el calor del páramo agonizan,

su plumaje es azul, tenue y lejano,

las metálicas aves de los vientos.

El sol es un alfanje vertical.

 

El agua reverbera mientras beben

labios de la ribera que no saben

de sed como otros labios ya resecos.

El sol es un cristal roto en pedazos.

 

La desolada tierra lanza flechas

—álamos, hombres, tesos, campanarios—

contra la luz prístina de los cielos.

 

El sol es una cima negra donde

la sombra existe, espera su victoria.

Las aguas siguen plácidas su curso.

 


Jesús Andrés Pico 

(De donde nace el viento, 1989)

 


lunes, 2 de octubre de 2023

EL MAR





Yo busqué un mar donde acaso lo hubo,

en las áridas planicies desiertas de la aurora

donde un vestigio aflora de vida tan antigua

que hace triste y pequeña la soberbia del hombre.

Yo busqué un mar oteando las nubes,

velas blancas de adioses,

en las tardes tranquilas cuando el viento traía

desgajados recuerdos, olvidos primigenios.

Me supe náufrago bajo olas de lluvia

y nauta de sueños en presentidos océanos.

Espumas modeladas en arcilla,

varaderos de piedra y ocultas caracolas

decían su nostalgia al agua de los ríos.

Crecí mirando al cielo que besaba los mares

con sus labios de sol

en lejanas auroras e incendiados ocasos.

Pero no sentí en la boca el sabor de la noche,

el regusto de sal de un desierto marino,

la agria bocanada oscura de los vientos.

Ni supe de los puertos donde regresa siempre

el tiempo con sus barbas salpicadas de escamas,

ni de islas que crecen quebrando el horizonte,                                                                    

ni de arenas vírgenes donde pone la tarde

su dorado rubor, ni de tumbas de agua

cuando dejan las olas un cielo de cipreses.

Y sin embargo busqué el mar.

Busqué el mar porque en mi sangre

naufragaba la vida.

 

Jesús Andrés Pico

(V Día de la Poesía. Segovia, 2014)

(Del libro Orento, 2015)

lunes, 12 de junio de 2023

CONTINUIDAD DE LA LUZ, Jesús Andrés Pico

Luz...

Cuando mis lágrimas te alcancen
la función de mis ojos
ya no será llorar,
sino ver.

LEÓN FELIPE

 

Nacía el día azul en el sol de la infancia,

bajaban por el Duero los versos de Machado,

se columpiaba la luz en las ramas más altas

y llovían palabras sobre surcos y juegos.

Y pasaba septiembre, así, como dejando

un largo silencio de hojas,

un rumor de surcos abiertos a la esperanza,

un agrio olor a hollejos y fuego en el hogar,

sarmientos desnudos y brisa entre los pinos.

Era tiempo de escuela, los niños

en el edificio de la derecha y a la izquierda las niñas.

Y siempre el aroma del pan recién horneado.

Era tiempo de nacer y el sol se alzaba

como una hostia más antigua que los dioses

sobre las enmarañadas copas, la vía, los caminos,

ofrenda de luz para iluminar la vida.

Moría septiembre hacia el centro del otoño

y se vestían de perlado llanto

los pliegues feraces de la mañana sonrosada.

Piaba la luz hambrienta y fría

picoteando rostros orantes y ofrendados

a la límpida deidad de las palabras

campesinas y aladas que anunciaban un don

en la ebria claridad de la Meseta.



Hay poeta dijeron el viento y los vencejos,

los tajamares del río y la corriente,

el nocturno silencio y los crepúsculos,

venían las palabras al labio y a la mano

y el mundo era pequeño.

Hacia otra luz marché, hacia otras aguas

donde mecer los sueños y los versos.

Era ley de vida, o ley de muerte.

Ley de tiempo inexorable

que oxida voluntades y cubre de ceniza

los mundos olvidados.

En todo caso continua la luz

derramando sin mí, sin nosotros,

luminosas mañanas que habitamos un día.

Mirad su mano blanca cómo desliza

un secreto fulgor por mis ojos cerrados,

por los ojos que ven más allá de las lágrimas.



Continuidad de la luz (Varia edition, 2022)


viernes, 9 de septiembre de 2022

DOS POEMAS MARINOS. Jesús Pico

 

 


            LLANTO

 

Están llorando sangre

los pescadores.

La mar mece su barca

como una cuna.

La mar es una madre,

abre su vientre.

 

Está la luna alta

y nadie duerme.

Están llorando sangre

los pescadores

 

y la mar boca arriba

está llorando,

está llorando peces

sobre la barca.

 

Ya se fueron en sangre

los pescadores.

El mar vino gritando

de madrugada.

 

Está la luna alta

y nadie duerme.

Están llorando sangre

madres y esposas.

 

 

 

SOLEDAD DE LOS PUERTOS

 

Soledad a la orilla del mar.

 

Soledad Sola da un beso a una ola.

 

¡Ay si fuera espuma, si sirena

fuera!

           Mas no.

                         Es Soledad Espera.

 

Soledad de los Puertos,

que ya el marino ha muerto.


De ORTO (1979)                                                                 


Llanto. Alfredo González Vilela

 

 

 

 

lunes, 24 de enero de 2022

Recital d'hivern. JESÚS PICO

 



         LOS NOMBRES DEL AGUA

 

Posesión de tu nombre,

sola que tú permites,

felicidad, alma sin cuerpo.                                                                                                                    

PEDRO SALINAS


1

Tiene nombres el agua que esperan nuestros besos.

Tiene nombres el agua que navegan los versos.

Tiene nombres el agua que habitan los poetas.

Tiene nombres el agua que sustentan tus piernas.

Son nombres que levantan en las noches de sexo

mareas y galernas, eternas un momento.

Son nombres en los mapas del aire y de la ausencia

y de lentos recuerdos en los labios de arena.

Nombres que repican en las bocas de bronce.

Nombres para volver como una canción de entonces.

 

2

En cada nombre de agua vive un poeta.

El agua es un poema firmado con un nombre

distinto de la dicha, del amor que hoy se llama

como a ti te pusieron, como yo te llamo.

Tu nombre es como un río y tu cuerpo es su cauce.

Cuando dicen tu nombre saben a mar mis labios.

Tiene nombres el agua que va susurrando el viento.

Tiene nombres el agua como el nombre tuyo

desnudos y dormidos en la piel de la noche.

Para navegar en ellos y penetrar al fondo

del silencio y la vida, tiene nombres el agua.

 

3

Nombres como cascadas sonoras,

como los ríos germinales,

rápidos y plácidos, así como un sueño,

 como un sobresaltado despertar.

Nombres antiguos que se pierden

en la noche de los besos y el frío,

nombres de lumbre y gemido,

nombres instalados en los huesos,

en la médula del alma.

Nombres para decirte en la noche del agua

todo el amor que guardas

en las frescas vasijas de tus pechos.

 

4

Los nombres que besa el viento,

caricia amarilla en los mapas

dorados de tu cintura,

los nombres que el viento mece

en el  mar de tus cabellos,

son los nombres que te digo

cuando la brisa se quiebra

en la esquina de tu talle

donde mi mano reposa

ciega de remarte tanto.

 

5

Los nombres, siempre los nombres.

Los ignoraremos siempre

como sumergidas islas

y amadas que no tuvieron poeta que las cantara.

Los nombres, siempre los nombres.

Te los diré al oído para que nadie los sepa.

Del agua siempre los nombres

y de mis labios la sed. 


Jesús Pico 

Del libro "Los nombres del agua", Premio Amantes de Teruel, 2020 






domingo, 20 de junio de 2021

Recital dedicado a Daisy Zamora. 05

 

QUÉ MANOS A TRAVÉS DE MIS MANOS



Las anchas manos pecosas y morenas de mi abuelo
con igual destreza vendaban una herida,
cortaban gardenias
o me suspendían en el aire feliz de la infancia.
Las manos de mi abuela paterna
artríticas ya cerca de su muerte,
una vez fueron frágiles manos, filigrana de plata,
argolla de matrimonio en el anular izquierdo;
pitillera y traguito de scotch o de vino jerez
en atardeceres de blancas celosías
y pisos de madera olorosos de cera,
recostada en su chaise-longue leyendo trágicas historias
de heroínas anémicas o tísicas.
Mi padre siempre cuidó la transparencia de sus manos
delicadas como alas de querube
hechas para lucirlas
con violín o batuta.
Mi madre heredó las manos de mi abuelo Arturo,
pequeñas y nudosas, con dedos romos.
De tantas manos que se han venido juntando
saqué estas manos.
¿De quién tengo las uñas, los dedos,
los nudillos, las palmas, las frágiles muñecas?
Cuando acaricio tu espalda,
las óseas salientes de tus pies
tus largas piernas sólidas,
¿Qué manos a través de mis manos
te acarician?


Daisy Zamora

Recita Joan Torrijos

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CUANDO LAS VEO PASAR



Cuando las veo pasar alguna vez me digo: qué sentirán
ellas, las que decidieron ser perfectas conservar a toda costa
sus matrimonios no importa cómo les haya resultado el marido
(parrandero mujeriego jugador pendenciero
gritón violento penqueador lunático raro algo anormal
neurótico temático de plano insoportable
dundeco mortalmente aburrido bruto insensible desaseado
ególatra ambicioso desleal politiquero ladrón traidor mentiroso
violador de las hijas verdugo de los hijos emperador de la casa
tirano en todas partes) pero ellas se aguantaron
y sólo Dios que está allá arriba sabe lo que sufrieron.

Cuando las veo pasar tan dignas y envejecidas,
los hijos las hijas ya se han ido en la casa sólo ellas han quedado
con ese hombre que alguna vez quisieron (tal vez ya se calmó
no bebe apenas habla se mantiene sentado frente al televisor
anda en chancletas bosteza se duerme ronca se levanta temprano
está achacoso cegato inofensivo casi niño) me pregunto:
¿Se atreverán a imaginarse viudas, a soñar alguna noche
que son libres
y que vuelven por fin sin culpas a la vida?



Daisy Zamora

Recita Luis Arranz

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A UNA DAMA QUE LAMENTA LA DUREZA DE MIS VERSOS



Sucede que cuando salgo, lo primero que veo
es un vagabundo que hurga en la basura.
A veces, una loca sombrea su miseria
frente a mi casa. Y el vacío de sus ojos insomnes
entenebrece la luz de la mañana.

Esquinas y semáforos invadidos por gentes
que venden cualquier cosa… enjambres de niños
se precipitan a limpiar automóviles
a cambio de un peso, un insulto, un golpe.
Adolescentes ofertan el único bien: sus cuerpos.
Mendigos, limosneros, drogadictos: la ciudad entera
es una mano famélica y suplicante.

Usted vive un mundo hermoso: frondosas arboledas
canchas de tenis, piscinas donde retozan
bellos adolescentes. Por las tardes
niñeras uniformadas pasean en cochecitos
a rubios serafines.
Su marido es funcionario importante.
Usted y su familia vacacionan en Nueva York o París
y en este país están sólo de paso.

Lamenta mis visiones ásperas. Las quisiera suaves,
gratas como los pasteles y bombones que usted come.
Siento no complacerla. Aquí, comemos piedras.





Daisy Zamora

Recita Jesús Pico

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lunes, 14 de junio de 2021

Recital de mayo. Jesús Andrés Pico

 VENECIA

 Cada vez que volvemos a Venecia

tornamos al pecado sinuoso,

cruzamos los canales del deseo

y surcamos por horas la lujuria

del agua y de la historia que nos lleva.

Como dedos las calles se entrecruzan,

estrechas, abrazadas, expectantes,

prometiendo penumbras tras las máscaras.

Podemos permitirnos tomar un café en la plaza San Marcos

mientras suena la música y acaricio tu pierna

por debajo de la mesa. Podemos permitirnos

ser amantes detenidos en el tiempo y la sonrisa.

Cada vez que venimos a Venecia nos amamos

en una habitación distinta, con la misma sed

y las mismas fuerzas, jadeantes y lozanos,

como si nunca hubiéramos estado en Venecia

y se fuera a  hundir la ciudad en el Adriático

como se hunde mi carne en tu carne.

                                                                      

Jesús Andrés Pico

de “Los nombres del agua” (Teruel, 2020)

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Dos poemas de LOS TULIPANES SON DEMASIADO ROJOS, de Teresa Gómez

EQUILIBRISTA   Porque una palabra es el sabor que nuestra lengua tiene de lo eterno, por eso hablo. ROSARIO CASTELLANOS   Si n...