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jueves, 15 de abril de 2021

Recital de marzo. Luis Herrero

 

EL CARDO BORRIQUERO

 

A la vera del camino,

o en cualquier descampado,

lo puedes ver olvidado,

sin saber de su destino.

 

Por espinas, despreciado,

de seca tierra despojo,

se le mira de reojo

y es muy poco valorado.

 

Y, aunque siempre lo eludes

por su disfraz protector,

atesora en su interior

rico caudal de virtudes.

 

Como insólito pasquín

luce bella inflorescencia,

digna de tener presencia

en edénico jardín.

 

Y púrpura son sus flores,

de color rojo violáceo.

Estrellas en el espacio.

De los insectos, amores.

 

Es el cardo borriquero

planta silvestre, aguerrida,

por algunos bien querida,

mucho lo sabe el jilguero.

 

Son sus semillas festín

por sus buenas propiedades,

bien sabe de sus bondades

el precioso colorín.

 

No nos produzca extrañeza

que siendo su trato huraño,

sea acogedor ermitaño,

virtud de naturaleza.

 

A la vera del camino,

o en cualquier descampado,

lo verás allí olvidado,

sin saber de su destino.                                                

 

José González

Rapsoda: Luis Herrero

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domingo, 7 de marzo de 2021

Recital de febrero. Luis Herrero.

 

SACAR MIS VERSOS DEL ALMA


Sacar mis versos del alma

tanto como yo quisiera,

y tomándolo con calma,

ver venir la primavera.

Tiempo de ausencias sentidas,

de incertidumbre y de miedo.

Amigos dejan heridas

en su partida hacia el Cielo.

Ya no canta el ruiseñor

su trino, y por la mañana,

ya no puede el poeta

lanzar sus versos con calma.

Sacar mis versos del alma

tanto como yo quisiera,

y tomándolo con calma,

ver venir la primavera.

Es un tiempo crudo y duro,

de inquietante desazón;

donde el futuro es oscuro

y nos duele el corazón.

Y aunque es florida y preciosa

y  nos llena de color,

ni la rosa más hermosa

puede calmar el dolor.

Sacar mis versos del alma

tanto como yo quisiera,

y tomándolo con calma,

ver venir la primavera.

 

Luis Herrero

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miércoles, 3 de febrero de 2021

RECITAL VIRTUAL DE ENERO. Francisco Brines .3

Imagen: Luis Lonjedo, lasprovincias.es

 


TODAVÍA EL TIEMPO


Oyendo aquí los pinos, miro el cielo;
mis ojos, inocentes; soy el niño
que se esconde a mirar y oír el mundo,
a sorprender la noche cómo roba.


Sigo oyendo los pinos, sigue el cielo,
y mis ojos se apagan, ¿qué será
del que soy? Ya no es posible el daño;
sereno el corazón aguarda todo.

 Y sigo oyendo el tiempo, sombras
crecientes que penetran flacas
en mi cuerpo vacío,
hospicio de algún mal inacabable.


Posible es la alegría, me consuela la noche:
creía carecer de bien alguno,
y siguen devastando mi inocencia.


Rapsoda: Luis Herrero



DESPEDIDA AL PIE DE UN ROSAL

Si no hay conocimientos en las cenizas
dejémoslas caer en la belleza frágil
de este rosal que tiembla en el otoño.

¿Amar, qué significa, si nada significa?
Huésped del tiempo esquivo, desnudo ya de mí,
retener el raído esplendor de la existencia
que una vez creí mía,
antes que, apresurado,
me ciegue en el reverso de esta luz.
Y aguardar esta espera sin alguna esperanza,
sentir la fe de nada, pues soplé en las cenizas
y nada hay fuera de ellas:
tan sólo amar, sin pensamiento alguno,
el declinar pausado del Engaño.

Arde extraña la vida, como si contemplase
en mi extinción la ajena,
y no puedo apartar los ojos de su fuego.

Canta en el aire un pájaro,
el pájaro invisible de mi infancia,
el que entonces cantaba ya sin vida.

Arde una brasa aún al pie de este rosal
y no quema mi mano.
Cuánto olor en el aire, y el aire se lo lleva.


Rapsoda: Auri García



ACEPTACIÓN

Saliste a la terraza
pensando que la brisa de la noche
podría devolverte al que eres siempre.
Mas la tibieza que en tu cuarto había
era un ámbito, allí, bajo la calma
de alejadas estrellas.
Olvidar pretendías unas horas
todavía recientes, la penumbra
que acercaba el latido de los dos,
y tus palabras qué serenas eran
como si a nadie las dijeses. Viste
la emoción de su rostro, su contorno
quemarse de belleza;
y esas mismas palabras te llenaban
de dolor y de sombra.
De nada te sirvió, cuando quedaste
solo, cegar la luz,
hacer brotar desde un rincón la música,
fortalecer tu fe con su joven pureza.
Sobre tu frente se rompían olas
gigantes: el calor
detenido del día,
el naufragio de un hombre que entregaba
la pasión de su vida en el espectro
doliente de la música (aún
como si la esperanza le alentase),
y te ardía el espíritu
porque sentías declinar tu vida.
Para ser el que fuiste
sales a la terraza, para ver
si un frío súbito derriba pronto
la plenitud del corazón. Tocas
el aire oscuro con los labios, oyes
los gritos fatigados de la calle,
la luminosa altura te estremece.
El tiempo va pasando, no retorna
nada de lo vivido;
el dolor, la alegría, se confunden
con la débil memoria,
después en el olvido son cegados.
y al dolor agradeces
que se desborde de tu frágil pecho
la firme aceptación de la existencia.


Rapsoda: Paquita Guerra


Mira y escucha en YouTube:Francisco Brines

Dos poemas de LOS TULIPANES SON DEMASIADO ROJOS, de Teresa Gómez

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